El cultivo del jengibre no es nada complicado. Siempre y cuando respetemos sus necesidades más básicas. Hay que tener en cuenta que estamos ante una planta a la que le gustan las temperaturas superiores a los 22-23 grados centígrados.

Por lo tanto, si queremos cultivarlo en zonas donde vamos a tener temperaturas bajas e incluso heladas, no nos quedará más remedio que realizar el cultivo en invernadero o dentro de casa.

Nos enfocaremos en las diferentes necesidades de la planta en cuanto a:

  • Suelo
  • Riego
  • Luz
  • Enfermedades

Además de algunos de los cuidados que tendremos que tener en cuenta para conseguir un buen desarrollo de la planta, y por lo tanto un buen crecimiento de la parte subterránea, que es la parte que más nos interesa.

Suelo:

El suelo tiene que ser rico en materia orgánica. Un suelo suelto que favorezca el drenaje del exceso de agua. Por lo tanto, si vamos a cultivar el jengibre en una maceta podemos incorporar a nuestro sustrato un porcentaje de arena para que éste no se apelmace con tanta facilidad. Además también tendremos que tener un buen agujero de drenaje para que pueda salir el excedente de agua procedente de los riegos.

Si lo cultivamos directamente en nuestra huerta o jardín y tenemos un suelo pesado, tendremos que buscar una zona en pendiente, por citar una opción, y así evitaremos los posibles encharcamientos que se pueden producir por un exceso de lluvia o por un exceso en los riegos.

También tendremos que mantener las “malas hierbas” a raya para que así la planta y el rizoma se puedan desarrollar correctamente. Es recomendable hacer este mantenimiento de forma manual, eliminado las hierbas más grandes y más cercanas a la planta con cuidado de no dañar ésta. Evidentemente el control químico de este tipo de hierbas está totalmente desaconsejado.

 

 

Riego:

A esta planta le gusta la humedad, por lo que tendremos que mantener la zona de plantación siempre húmeda pero no en exceso. Una buena forma de saber si nuestro jengibre necesita riego es comprobar con la mano si el sustrato está húmedo o no y regar si fuese necesario. Recuerda que es mejor quedarse corto que pasarse, así que una buena forma de acertar en este apartado es regar más a menudo pero en poca cantidad.
Dar una pauta de riego es bastante arriesgado ya que depende mucho de la humedad ambiental, de la temperatura y del tipo de suelo que tengamos en nuestra zona.

Luz:

Puedes sembrarlo en una zona de semi-sombra, que reciba luz durante las primeras horas de la mañana y que durante las horas centrales del día y durante la tarde tenga luz, pero nunca lo expongas directamente a los rayos del sol.

Enfermedades:

Podemos encontrarnos con algún ataque por hongos, esto sucede cuando el agua se aposa en la tierra, por lo que un buen drenaje de la tierra y de la maceta pueden evitar este contratiempo. También puedes aplicar algún fungicida a modo de prevención cuando ya tenga hojas.

El jengibre es fácil de cultivar, tanto en huerta como en maceta. Si no tienes demasiado espacio y quieres disfrutar de esta preciosa planta y de sus beneficios, solo tienes que disponer de un buen sustrato y de un recipiente, no necesariamente demasiado profundo, pero sí ancho. 

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